“La mía era una familia de periodistas donde cada comida era un auténtico telediario, no obstante, yo no iba para periodista y, antes que eso, quise ser biólogo marino”. Santiago Tarín simultanea un Manhattan con un agua con gas y observa las luces del atardecer filtrándose por los ventanales del Bar, mientras las notas del As de Stevie Wonder acompasan el momento.
“Paradójicamente, creo que estudiar ciencias me ordenó la cabeza para acabar siendo un reportero eficaz”, sonríe quien también quiso ser músico, “pero lo dejé en el preciso instante en que me ofrecieron subirme por primera vez a un escenario y el pánico escénico se apoderó de mí”. Aquel chico enormemente tímido no dio aquel concierto y, desde aquel día de hace 45 años, no ha vuelto a tocar la guitarra.
Barcelonés cosecha de 1959 y nombre mayúsculo de la crónica negra en este país, el periodista y escritor afirma que su vida es el resultado “de una concatenación de casualidades que terminaron bien”. Durante una temporada combinó estudios de ciencias con periodismo y acabó en Radio Nacional de España. “Salté a sucesos, ya digo, por una de esas casualidades. Hubo un tiroteo en el Palacio de Justicia y me enviaron a mí a cubrirlo. Y salió bien, por lo que me dieron más coberturas de este tema que, además, en la época, nadie quería hacer”. Él, en cambio, se lo pasaba bien.
“Barcelona era una ciudad distinta, muy salvaje, y yo tenía poco más de veinte años. Y de pronto entraba en contacto con la otra cara de la ciudad, con policías que no eran lo que te podías esperar, tíos mayores con bigote y malas pulgas, sino gente que era poco más mayor que tú. Cada caso era en sí mismo un relato”. Y ahí se dio cuenta de cuál era su auténtica vocación, contar historias. Cosa que hizo en RNE, en Cadena Ser, en el diario Ya y, a partir de 1985, en La Vanguardia, donde llegó a ser parte del equipo de investigación y donde desarrolló una carrera que le ha convertido en verdadero referente periodístico. Aunque él no es de echarse flores. “Siempre he trabajado como si fuera un recién llegado, evitando cualquier forma de auto complacencia. Cuando te crees que eres bueno, y más inteligente que las personas que entrevistas, es cuando te caes”.
La maldición y la bendición de los pasos perdidos
El periodismo de sucesos y crónica negra quema. “Es cierto que es el más literario, el que permite más licencias para contar mejor las historias, pero hubo un momento, en los años 90, en que ya no podía más y soñaba con poderme dedicar a otras cosas”. Fue entonces cuando una amiga periodista le dijo algo que cambió su percepción. “Me dijo: No puedes estar nadando contra la corriente todo el tiempo. Y aquellas palabras me hicieron entender y aceptar mi circunstancia”. Sorbe un trago de Manhattan y mira hacia aquel momento en que todo cambió para seguir igual. O casi.
“No renuncié a hacer las otras cosas que quería hacer, pero las hice fuera de mi horario de trabajo”, y así nació el Santiago Tarín escritor, con títulos como su imprescindible Barcelona en rosa y negro, una crónica sentimental y negrísima que pasea al lector por episodios ignotos y sorprendentes de la historia de la ciudad; España acusa, coescrito con Eduardo Martín de Pozuelo sobre la desaparición de españoles en el Chile de Pinochet y la Argentina de Videla, o Viaje por las mentiras de la Historia universal, donde, con su elegante y depurado estilo literario, desmonta algunas falacias que han acompañado el relato oficial del mundo.

Con Los crímenes de los pasos perdidos (AlRevés), recién publicado, se diría que hace las paces con aquel momento vital de hartazgo en que su amiga le volvió a ubicar. Sirviéndose de historias de esa crónica negra vivida en los pasillos del Palacio de Justicia, esos millones de pasos perdidos arriba y abajo por los juzgados, el parroquiano teje un lienzo que narra cómo era nuestro país. “Como un periscopio que mira al pasado”. Historias reales de quinquis, falsificadores, atracadores, butronistas, presos fugados y timadores que explican el lado oscuro de la sociedad. Una obra que aúna por igual valor literario y periodístico y que demuestra que sí, que para su autor las casualidades terminaron bien. “La vida juega al azar, pero todo ha salido bien. Estoy en paz”.
Una amante que no es cariñosa
El periodista Santiago Tarín ha visto desaparecer una Barcelona y renacer otra. “Mi relación con ella es de amor y desengaño, la misma que se tiene con una amante que no es cariñosa”, afirma quien no deja de amar sus historias, las entretelas de una ciudad portuaria, brutal y diversa. “Esa mezcla de seny i rauxa, de ciudad ordenada y a la vez muy loca que me encanta”.
Pero el tiempo pasa y, de aquella metrópolis “mestiza y mágica donde convivían Peret y Serrat” ya va quedando poca cosa. “Se ha convertido en la ciudad del no. Cualquier idea, cualquier proyecto, cualquier iniciativa tiene el no sistemático por delante, y después ya se verá. Y eso la convierte en una ciudad más triste que no da el cariño que recibe”, reflexiona liquidando el último trago de su cóctel y dejándose llevar por las notas del Don´t look back de Natalie Cole.
— Lo que sí refleja el cariño que recibe es nuestra oferta gastronómica. Tenemos de todo: carta, menú, platos combinados, raciones, tapas… por si quieres cenar alguna cosa.
Santiago Tarín sonríe. Se lo piensa un momento y se decide. “Creo que voy a hacer un par de raciones”, determina.
Y prepara ya el puro Condega nicaragüense que se va a fumar en la que promete ser una sobremesa llena de historias y anécdotas de esa sombría y magnética cara B de la ciudad.
