La tarde es joven

Los jueves por la noche de principios de los 2000, en La Paloma se organizaban unas sesiones de música electrónica antológicas. No recuerdo la hora exacta en la que la iluminación del local bajaba de intensidad, los focos de colores se ponían en funcionamiento y el DJ de turno se apropiaba de la mítica sala de fiestas del Raval, transmutada en discoteca, pero seguro que era bien entrada la noche.

A menudo, cuando los jóvenes de entonces empezábamos a entrar en la sala hambrientos de fiesta y modernidad, con nuestras camisetas cantonas, en la gran pista de baile de La Paloma todavía quedaba alguna pareja de jubilados o con edad para serlo y vestida de fiesta mayor que apuraba los últimos compases de un vals o un pasodoble. Nuestra irrupción en la sala les anunciaba que les había llegado la hora de retirarse, como las doce campanadas para la Cenicienta. Una nueva generación, la nuestra, tenía prisa por apoderarse de La Paloma. Ellos, los mayores o los viejos, podían quedarse la tarde, si la querían era toda para ellos, pero la noche, ese momento en que nos parecía que nadie nos veía y que todo era posible y permitido, nos pertenecía a nosotros, los jóvenes.

Un cuarto de siglo después, he vuelto a poner los pies en La Paloma y lo he hecho por la tarde. ¿Me he hecho mayor? Seguro que no soy el mismo de hace veinticinco años, pero me atrevo a decir que las tardes tampoco son lo que eran entonces. Desde hace un tiempo, la productora de eventos Locamente organiza, periódicamente, en La Paloma una fiesta inspirada en los concursos televisivos de los noventa que llaman Loco Bongo y que les va de maravilla. Agotan el millar de localidades semanas antes de cada sesión.

El éxito de la propuesta, especialmente entre barceloneses mayores de cuarenta años para arriba, se explica principalmente por dos razones. La primera y la más importante, el horario: Loco Bongo abre puertas a las cinco de la tarde, por tanto, quienes hace tiempo que hemos dejado de trasnochar, podemos salir, bailar y tomar un par de copas con amigos y, antes de medianoche, haber cenado, visto el episodio de una serie y estar durmiendo como unos angelitos. La segunda razón de este éxito de Loco Bongo es la música, mayoritariamente grandes hits discotequeros de hace diez, veinte o treinta años, que actúa como el espray efecto lifting de Comodines que, durante un rato, te hace sentir más joven (lo contrario que el reguetón).

En Barcelona, ​​cada vez hay más propuestas de lo que hasta ahora llamábamos tardeo o, catalanizándolo, tardeig. Termcat, el Centre de Terminologia, propone ahora que lo llamemos vespreig y, a mí, me parece una idea cojonuda; la propuesta de salir de tarde y que los catalanohablantes no tengamos que recurrir a un anglicismo o castellanismo para referirnos a ello. Con el afterwork o el brunch ya hemos llegado tarde, pero con el vespreig sospecho que todavía estamos a tiempo y que hará fortuna. ¡Disfrutemos a fondo del vespreig, que la tarde es joven!